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LA LUCHA FEMENINA

11 de julio de 2018.

#EntreColumnasFRI 

 

Por: Fabián Vélez Pérez 

velezperez@gmail.com

 

Una de las características de la sociedad moderna es la fuerte presencia femenina en todos los ámbitos. Atrás quedaron los tiempos en que el trabajo y consecución del sustento era “cosa de hombres”, y se relegaba a la mujer a las labores hogareñas, incluido todo aquello que tuviera que ver con cocinar y limpiar.

 

De ellas se esperaba nada más que una gran sumisión, misma que en la cultura occidental, nació de la propia Biblia cristiana.

 

Basta con leer algunos de los apartes del libro más vendido de la historia, para darse cuenta que la mujer era apenas considerada como un apéndice del varón; Así lo dijo Pablo en su primera Carta a Los Corintios, (Pablo, I Corintios, 14, 34-35.Reina Varela) “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice.
Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.”

 

De esta forma, se creó toda una cultura de subyugamiento a las mujeres, invocando las llamadas santas escrituras. Pero la cosa no paro ahí, y hasta se encontró en la mujer la victima perfecta para desahogar las frustraciones sociales, y es así como, en el medioevo, las famosas cacerías de brujas estaban dirigidas mas que todo a aquellas mujeres que se salían de lo usual, aquellas que no encajaban en el estereotipo, y pagaron semejante osadía en la hoguera.

 

Pero tal como el tiempo inexorablemente avanza, de igual forma lo hizo el pensamiento femenino frente a esos abusos históricos

 

Ya en plena revolución industrial, surgió el movimiento de las sufragistas, que propugnaba por que las mujeres tuvieran plenos derechos políticos, principalmente el derecho al voto, y aunque en gran medida tuvieron éxito, pues hoy en casi todo el mundo las mujeres pueden votar, no lograron eliminar la fuerte discriminación hacia el mal llamado sexo débil.

 

Fueron, por ironías de la historia, las grandes tragedias humanas, principalmente la guerra, las que abrieron el camino a la igualdad femenina.

 

Cada vez que los varones partían alegremente a los campos de batalla, eran las mujeres las que debían tomar las riendas de las familias y los negocios; claro está que acabada la lucha, volvían los varones a retomar “sus asuntos”, pera cada que ello ocurría, mas y mas mujeres se convencían a si mismas y a la sociedad, que eran capaces de desenvolverse a cabalidad en el denominado “mundo de los hombres”

Fue la segunda guerra mundial la que marco el punto de no retorno en occidente, pues a partir de ese momento, el avance hacia la igualdad no tuvo reversa, y ahora si, referido no solo a la igualdad académica de derechos, sino a la plena igualdad social.

 

Es por eso que hoy por hoy, no nos sorprende encontrar mujeres dirigiendo negocios, empresas, grandes corporaciones, aunado al hecho que las labores hogareñas ya no son territorio prohibido para los varones.

 

Sin embargo, en nuestro presente, la mujer sigue siendo objeto de sometimiento, pues las taras sociales persisten. La llamada inercia social hace su trabajo y permite que en muchos estratos sociales, generalmente los mas bajos, la mujer siga siendo subyugada, pero sobre todo, abusada.

 

Y este abuso se manifiesta en diferentes formas de violencia, que van desde la agresión física hasta la sicológica, pasando por la dependencia económica.

 

Pese a ello, la mujer ha seguido adelante; cada día es más evidente que ese tipo de situaciones van a ser, definitivamente, proscritas; el endurecimiento de las sanciones penales ha tenido mucho que ver, pero sobretodo, y este es el mayor logro de la lucha femenina, está la visibilización del problema.

 

Sí, todos sabíamos que había violencia contra la mujer, pero callábamos, mirábamos a otro lado, considerábamos que cada familia podía manejar sus asuntos a su manera, así que si el vecino abusaba de su pareja, era algo que considerábamos de índole privado, pero no una situación de carácter público que requiriera la intervención del Estado.

 

Aun hoy, funcionarios indolentes, al entrevistar a una mujer abusada, lo primero que le preguntan es que hizo, dando a entender de esa forma que la mujer es, en ultimas, quien provoco la situación, y por ese camino se justifica el abuso, pero afortunadamente, cada día son menos quienes realizan la malintencionada pregunta.

 

Por eso es de alabar, la gestión que organizaciones privadas de ciudadanos, realiza en favor de la protección de los derechos de la mujer, y por ende, el logro de la igualdad social, mas allá de la simple mención legal.

 

La plena igualdad de derechos de la mujer frente al varón, la protección respecto del sometimiento social, la defensa frente a la agresión, son banderas que se deben izar  cada día, y afortunadamente para las mujeres que todavía padecen la desigualdad, se enarbolan cada mañana, para que, como grandes antorchas, iluminen ese sombrío rincón de la sociedad, en donde aún existe esa oscuridad llamada discriminación.